Cantarito (recipiente)
Una pequeña jarra de barro sin vidriar de Jalisco usada para servir un highball de tequila; las paredes porosas del recipiente aportan a la bebida un carácter mineral terroso y dan nombre al coctel.
El cantarito es una pequeña jarra de barro sin vidriar, tradicionalmente torneada en los pueblos alfareros de Tonalá y Tlaquepaque, al este de Guadalajara, y cocida a baja temperatura. El recipiente es la pieza homónima de servicio del highball jalisciense de tequila que lleva el mismo nombre: una bebida larga construida sobre tequila blanco, tres cítricos (limón, naranja y toronja), refresco de toronja y un borde con sal. Como el barro no está vidriado, sus paredes permanecen ligeramente porosas; la bebida recoge una nota terrosa y mineral tenue durante el tiempo que se sirve, y el cantarito mismo se mantiene fresco por evaporación superficial, de la misma manera en que lo hace un botijo. El coctel está documentado en el capítulo de cocteles; esta entrada es el recipiente en sí.
En Jalisco el cantarito es una pieza habitual en la charreada, en las ferias de los pueblos pequeños, y en las cantinas de Tequila y Amatitán, donde los vendedores llenan una jarra recién hecha al momento por entre treinta y ochenta pesos. La contribución del barro a la bebida es real, pero no es teatral: un cantarito serio servido en un vaso de cristal funciona como coctel, pero pierde el levantamiento mineral y el placer del frío por evaporación que da la jarra sin vidriar. La tradición artesanal del recipiente, junto al caballito, la jícara y la veladora, se inscribe en la taxonomía más amplia de recipientes de bebida mexicanos recorrida en el capítulo de cultura.